El dichoso virus me parece convertirse en la paradoja del tiempo que vivimos, con sus contradicciones y preguntas por resolver.
Tenemos inicialmente un problema de mayor o menor envergadura pero que afecta al total de pueblos de este loco mundo, antes o después y ello ha desembocado en dos de las actitudes que dominan nuestro tiempo.
Esta, por una parte, quién de forma necesaria o no, cierra fronteras y recela del visitante y tanto esto recuerda a Brexit, muros, políticas migratorias ..con un compartido impulso de miedo, de creer que mejor solo que compartir con otros .
Al otro lado quién cree que solo en la cooperación puede resolverse este y cualquier problema, pues sumando se resta dificultad pero que al mismo tiempo corre el peligro que al mostrarse tan expuesto, corra el riesgo de asumir peligros por definir
Lo mejor en todo este laberinto es la observación de que la infancia es el colectivo más ajeno al virus y quizá también al riesgo de la desconfianza sin sentido o de la confianza sin reparo.
Jope..me doy cuenta de que mi mascarilla no me protege de cierta melancolía.



