La distopía de 20 años no es nada ..o Feliz Cumpleaños.

“Veinte años no es nada”: Eso cantaba Gardel, pero cuando esa cifra va multiplicándose por dos o por tres, ¡Caramba! Sí que parecen más que nada. Pues aunque cumplir años no es malo, ya que señala que no estás muerto, tiene la desventaja de envejecer.

Llevo tiempo haciéndome a la idea de que es más probable que mis hijas me hagan abuelo, que que conquiste a una estupenda cuarentona, edad perfecta para una mujer, en una terraza convenientemente separada por mamparas, mientras adivino una sonrisa cómplice en ella, bajo la mascarilla

Pero, más allá de homenajes a mi idolatrado Arturo Fernández, lo que me apetece ante este anual rito de cumpleaños es seguir viviendo la vida en su intensidad, esto es, celebrar, luchar, vivir y aspirar a que cada día tenga su sentido.

Jope , si veinte años no es nada, tres que quedan hasta las municipales mucho menos y entonces LxE volverá a ofrecerse como “Tu Médico , Tu Alcalde”.

P.D. Amigos y, sobre todo amigas , quedan invitados a mi pospuesta fiesta, debidamente “engalanados”.

La distopía del día después en Getxo o en cualquier parte.

Distancia social, mamparas, tele-trabajo, clases online..va haciéndose común pensar en drásticos cambios en el trabajo, en el ocio y nuestras vida social el día después de nuestro confinamiento, como consecuencias de un bichito de RNA y envoltura proteica, y todo ello como inevitable, al menos hasta que se produzca una vacuna.
Uno, sin embargo, cree que este esfuerzo de todos no simplemente es para sobrevivir, sino que, además, es una lucha por recuperar cosas que también son vitales y que sin ellas nuestra vida es más pobre y menos ilusionante.

Yo lucho por volver a abrazar a esa amiga, beber cervezas con mis amigos , ser atendido por el dependiente sin metros de separación, sufrir mil agujetas tras el partido de futbito organizado por mi boss, mirar la sonrisa imperfecta y bella de esa mujer que siempre acude el lunes a consulta, sentir próximo el barullo de la gente sonriente que baja la cuesta de Sopelana camino de la playa en verano, sufrir compartido de los hinchas del histórico cada dos sábados …
Jope, no lucho sólo por sobrevivir, sino también por sentir que realmente estoy vivo.

La distopía del call-center o quiero saber.

La distopía del Call-center o quiero saber .

Soy malo para las excusas, no lo puedo negar.

Recuerdo las collejas que me daba el profe de Ciencias al intentar explicar que aquellas hojas arrancadas y mal pegadas en un cuaderno eran mi trabajo de campo en las jardineras de la parada del bus.

Por eso, cuando debo responder por el teléfono a preguntas como: ” ¿Me van a hacer la prueba PCR?, “ ¿cómo puedo saber si soy inmune?”, “¿pero yo ya lo he pasado? ”…,pero en la tele han dicho ..”y… etc, excusarme, aún siendo por teléfono, me es difícil, y más cuándo conoces la cara de quién te llama y sabes que le estás defraudando.
Esta semana, con EPI: mascarilla, pantufla y delantal, me he sentido más seguro y cómodo que en ese papel de defensa central despejando balones.

Jope, luego dirán que el call-center es trabajo fácil.

P.D. A día de hoy, desconozco si estoy embarazado pues no tengo el test de la rana.

P.D. hoy mi profe correctora me ha suspendido en ortografía y gramatica.Es encantadora pero muy dura.

La distopía de la distancia social en Getxo.

Mucho se habla de nuestro escalonado reencuentro con la libertad, aún vigilada, desde este quincenal y prolongado confinamiento, y de los usos y costumbres que tendremos que adoptar y entre ellos el “ distanciamiento social “.

De eso podemos dar clases y conferencias en nuestro pueblo, donde abundan tanto los buenos días sin eco alguno cuando entras en un establecimiento, o la imponente figura de tanto “cara-berza” que parecen mirar a otros como especímenes ajenos a su entrañable y pequeño mundo.

Pero, yo me refiero a lo que queda más evidente estos días si uno tiene la curiosidad de conocer las demandas de ciudadanos en el Banco de alimentos o la propia Cruz Roja.

El Getxo invisible, éste que ocupa y se ocupa de nuestros mayores, que realiza labores de hogar y otros trabajos que, ya entre nosotros, no realizamos, y que no cuentan, en infinidad de ocasiones, con un contrato legal y que, estos días pasa, no apuros, sino necesidad real de pedir para poder comer.

Eso sí, jope, es la real y triste distancia social que cada día vivimos en Getxo.

La distopía de no país para viejos.

21 de abril de 2020

“-Las mujeres y los niños primero…”

Es lo que dicen en las pelis, por ejemplo, cuando se hunde el Titanic , se rescata en el Coloso en llamas o la nave espacial está preparada para abandonar el planeta Tierra invadido por coronavirus, fake news o discursos huecos de políticos.

Pero, siempre surgen los que quieren unirse a la opción salvadora, ya sean Condes que no pueden dejar sola a la Condesa sin servicio, yernos decididos a usar materiales baratos que harán que se queme el rascacielos o pesadísimos políticos, locos por seguir dando la tabarra en otros planetas y que se creen indispensables en el nuevo orden.

Así, es fácil que a nuestros valiosos y escasos niños de Getxo les vayan a salir les más tíos, primos y primas mayores y hasta vecinos de lo que nunca imaginaron y les veamos regresar a sus casas tan agotados como a algunos perros que vemos en la calle.

Enhorabuena, en todo caso, a nuestros pequeños, ya a la altura de nuestros canes.
Y ahora yo me pregunto: ¿Cuándo llegará el momento de los mayores? ;y, sobre todo, lo pienso al considerar que en pocos días será mi cumpleaños y con su llegada, iré entrando en una edad ya incómodamente significativa.

Jope, éste no es un país para viejos, no.

21 de abril de 2020

Jope, éste no es un país para viejos, no.

La distopía de un segundo o puedo decidir.

18 de abril de 2020

_______________________________________________________________________

Un segundo…El tiempo necesario para saber que el 4×4 me iba a embestir, para frenar el patinete o recibir el golpe.

Un segundo puede cambiarlo todo. En ese minúsculo espacio de tiempo un arma se carga y dispara, o se abre una puerta y se decide entrar, o permite una mirada y decir » te quiero “. En un segundo tu vida puede cambiar.

Lo sucedido antes de ese momento no es suficiente (relevante) para que no entre en juego el albedrío, decidir, elegir.

Jope, somos libres, no aceptemos que en ese segundo, el interés, el miedo o la vergüenza nos coarten, sólo tuya es la decisión.

P.D. entregado a la amabilidad de mi correctora G.

La distopía de la Imagen o los libros con santos.

La distopía de la imagen o los libros con santos.

En la Edad Media el vulgo recibía información y doctrina a través de los cuadros, imágenes y frescos de Catedrales e Iglesias.

Hoy en día, el vulgo, pues tal seguimos siendo  por muy cuquis que nos creamos, seguimos recibiciendo la mayor parte de la información (adoctrinadora debo añadir) por Redes Sociales, Televisión..la cultura o no cultura de la Imagen.

De ahí su importancia y en función de ella, uno, que no se asocia a los sectarismos, tan en boga en las redes y medios, que nunca ven lo bueno en quién no comparte ideas, no puede sino celebrar la imagen del Alcalde de Madrid y su presencia retratada en acarreo de material en los hospitales, sentado con el personal, etc.

¿Postureo? ¿Campaña de imagen?.. ¿Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda?…¡Quién lo sabe!

Se trata de política, y sinceramente prefiero tales gestos (“de grandeza”) a la invisibilidad de alcaldes tan próximos o próximas a mí, (que no destacan por nada)

Jope, me pone más que un posible holograma que recita sin entonación un aburrido texto.

P.D. mi agradecimiento a mi deliciosa Profe por su paciencia y conocimiento.

La distopía de 55 días en Pekín o el fracaso de lo público.

Nuestro confinamiento me recuerda al que describe la película, con sus boxers chinos queriendo acabar con los refugiados en el barrio de las embajadas .

Mítica. Al menos para mí en la infancia, ya hace años que no la he vuelto a ver por temor a descubrir que mi fascinación por David Niven, su impostura y bigote me resulten ahora solo un disfraz desfasado.

Todo confinamiento ante un enemigo termina por la derrota del asediado o por agotamiento del asediador y entiendo que un minúsculo RNA con proteínas no se canse.

Por tanto pienso que llegaremos, más pronto que tarde, al límite de nuestra paciencia social, económica y emocional.

Se necesita conocer quién puede transmitir y cómo protegerse para volver a una vida más normal y ello solo pasa por test y mascarillas.

Ante ello solo cabe encontrar una solución y está no está siendo hayada por quien de forma errática y torpemente voluntariosa , ha asumido desde lo público tal envite, transmitiendo una sensación general de fracaso por parte de la Administración.

Desde lo público y de forma centralizada se ha asumido satisfacer esa necesidad y transcurrido el tiempo, ni una, ni otra han visto satisfechas.

Jope, fracaso,si. Anular la iniciativa privada o la pública de las Autonomías y poner en manos de un Gabinete sin Norte este reto nos está costando y, sobre todo, nos costará un precio intolerable, haciéndonos sentir tan agobiados como aquellos que fueron asediados por los boxers.

P.D. Agradecer a la gentil G. su brillante corrección gramatical, ortográfica y de idea expresada.

La distopía de las alianzas o ‘..el anillo pa cuando..».

Es cierto. No puedo negar si dice que no me fijo en nada; es cierto. Seguramente, esa blusa ya la ha vestido varias veces para cuando le digo: “¡Qué bonita!… ¿es de estreno?. Es cierto.


Y así, para mí, fue una sorpresa cuando me fijé que no llevaba su alianza y aún mayor, cuando me contó que ya hacía meses que tuvo que acudir a una joyería porque estaba estrangulando su dedo y ante el dilema del símbolo o la gangrena, ella, obviamente, eligió evitar la gangrena poniendo solución al problema.


No me gustó, lo confieso, mi alianza siempre está presente en mi dedo y sólo ahora la he retirado del sitio que ha ocupado por 31 años, para mejorar mi higiene de manos en el trabajo.


Sin embargo, tras un tiempo de reflexión, he entendido algo que me ha sorprendido. Entiendo que esa holgura tan cómoda en mi alianza puede simbolizar lo leve que ha sido para mí el matrimonio. Me he preguntado si no he depositado en las manos de ella con tanta ligereza el esfuerzo de mantener la unión de la familia hasta hacer que la carga llegue a estrangular su dedo anular.


Jope, debería sentirme menos afortunado de haberme conocido y valorar más a quién ha hecho que mi vida sea, por mí sentida, como plena y gozosa.


Hoy, he vuelto a poner mi alianza dónde corresponde, pues resulta mayor peligro que una pandemia, el no reconocer a quién te ha acompañado, ayudado, sustentado en el riesgo de vivir la vida.

P.D. Mi creciente agradecimiento a mi encantadora Garbí y su certera corrección ortográfica y gramatical .

La distopía de la rebeldía controlada: Oh, sí, el mar.»



«..eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos..» lo recuerdo de uno de los libros que acompaño mi adolescencia, el siempre recomendable » Historia de dos ciudades » de Dickens.
Este tiempo de adaptación a cambios imprevistos es difícil y para quién está acostumbrado a nadar contracorriente puede ser un real suplicio.


«Ayer para ir a trabajar he aparcado mi ecológico patinete a un lado y he tomado mi Cuqui, nombre de mi moto eléctrica, para aprovechar el nuevo recorrido por Zugazarte para detenerme a ver el mar de nuestro increíble Abra. Apenas un par de minutos me han bastado, para después continuar mi camino y parar en la plaza donde cada mañana desayunaba con unas encantadoras amigas y comenzaba el día sonriendo.

Más tarde, antes de entrar al trabajo, paré nuevamente frente a la parada del bus donde un entrañable e hiper gruñón compañero de frontón me recriminaba que llegaba tarde y que la próxima vez no me llevaría a jugar y tendría que ir por mis propios medios, cuando sabía mejor que yo, que estaría también al día siguiente y me haría el mismo reproche.



He liberado un poco de esa rebeldía que empezamos a sentir, ante la perdida de tantas pequeñas cosas y que debemos controlar por nuestro propio interés .
Jope, si , eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos..

P.D. Gracias a la encantadora Garbí y su paciente corrección ortográfica y gramatical.