La distopía de 55 días en Pekín o el fracaso de lo público.

Nuestro confinamiento me recuerda al que describe la película, con sus boxers chinos queriendo acabar con los refugiados en el barrio de las embajadas .

Mítica. Al menos para mí en la infancia, ya hace años que no la he vuelto a ver por temor a descubrir que mi fascinación por David Niven, su impostura y bigote me resulten ahora solo un disfraz desfasado.

Todo confinamiento ante un enemigo termina por la derrota del asediado o por agotamiento del asediador y entiendo que un minúsculo RNA con proteínas no se canse.

Por tanto pienso que llegaremos, más pronto que tarde, al límite de nuestra paciencia social, económica y emocional.

Se necesita conocer quién puede transmitir y cómo protegerse para volver a una vida más normal y ello solo pasa por test y mascarillas.

Ante ello solo cabe encontrar una solución y está no está siendo hayada por quien de forma errática y torpemente voluntariosa , ha asumido desde lo público tal envite, transmitiendo una sensación general de fracaso por parte de la Administración.

Desde lo público y de forma centralizada se ha asumido satisfacer esa necesidad y transcurrido el tiempo, ni una, ni otra han visto satisfechas.

Jope, fracaso,si. Anular la iniciativa privada o la pública de las Autonomías y poner en manos de un Gabinete sin Norte este reto nos está costando y, sobre todo, nos costará un precio intolerable, haciéndonos sentir tan agobiados como aquellos que fueron asediados por los boxers.

P.D. Agradecer a la gentil G. su brillante corrección gramatical, ortográfica y de idea expresada.