La distopía del día después en Getxo o en cualquier parte.

Distancia social, mamparas, tele-trabajo, clases online..va haciéndose común pensar en drásticos cambios en el trabajo, en el ocio y nuestras vida social el día después de nuestro confinamiento, como consecuencias de un bichito de RNA y envoltura proteica, y todo ello como inevitable, al menos hasta que se produzca una vacuna.
Uno, sin embargo, cree que este esfuerzo de todos no simplemente es para sobrevivir, sino que, además, es una lucha por recuperar cosas que también son vitales y que sin ellas nuestra vida es más pobre y menos ilusionante.

Yo lucho por volver a abrazar a esa amiga, beber cervezas con mis amigos , ser atendido por el dependiente sin metros de separación, sufrir mil agujetas tras el partido de futbito organizado por mi boss, mirar la sonrisa imperfecta y bella de esa mujer que siempre acude el lunes a consulta, sentir próximo el barullo de la gente sonriente que baja la cuesta de Sopelana camino de la playa en verano, sufrir compartido de los hinchas del histórico cada dos sábados …
Jope, no lucho sólo por sobrevivir, sino también por sentir que realmente estoy vivo.