El acerbo popular muestra a los médicos como poco dados a enfermar – al igual que ocurre hoy con los autónomos-; y yo mismo, en la experiencia íntima de tener un padre que falleció un viernes habiendo pasado consulta el día anterior, también lo tenía como algo natural.
Pese a conocer, a través de las noticias que nos han llegado, los delantales de plástico, las mascarillas de pega y todas esas condiciones para afrontar al “ Innombrable» – como en cualquier película de Harry Potter-, estoy sorprendido con las cifras de sanitarios que se han visto contagiados.
Afortunadamente, como ha expuesto el Doctor Simón (¡qué lástima que la política haya hecho añicos la carrera de un profesional hasta ahora admirable!), los sanitarios enferman, pero poco; aunque algunos se mueren, pero pocos ..Y muertos quedan.
La vida en el cuidado de la Salud es un equilibrio difícil. Hay que mostrar una necesaria certeza y seguridad cuando ejerces una profesión de incertidumbre y regresar a casa entre aliviado y permanentemente ocupado en que todo vaya bien.
A veces, desearía coger esos 6.700 euros de nómina, del que hablaba un periódico y que en mi opinión tantos merecerían, y viajar hasta la playa de las Tortugas en Gilli Mayor para observar la indiferencia de éstas ante los bañistas que las contemplan absortos en su quietud. ¡Qué relajante y desocupado sería!
Jope, hoy tengo cita con los test entre la curiosidad y la tristeza por los que no enfermaron poquito y aquellos que poquito enfermos murieron.
