La distopía de votar en fila india o los principios fundamentales del Movimiento.

Cuando era niño, fui elegido jefe de filas para salir al patio en el cole. Si bien, mi poca voluntad para el orden hizo que me destituyeran en dos días.

Eso me hizo sentir antipatía por las colas o filas, aunque no por la democracia, pese a que el noble pueblo de Getxo no me dio la confianza para ser su Alcalde, o al menos, su concejal, para hacer que la Regidora sufriera en los plenos una oposición que la hiciera recordar a Kike Prada como un encantador adulador – por cierto, que creo se ha dejado barba, según me cuenta Hamster, admirador del mismo y al que considera, y me da mucha rabia, todo un galán -.
De mi antipatía a las filas puede derivarse el rechazo a la opinión de votar en Julio como si existiera una urgencia para que se refrende lo que es sabido , la victoria del PNV.

Y esto parece la sustitución de los principios fundamentales del Movimiento que los alumnos de Bachillerato éramos obligados a escuchar por los actuales principios en Euskadi, que que yo sepa son: el PNV, el pintxo-pote de los jueves y ser forofo del Athletic o, en su defecto más defectuoso, de la Real o el Alavés.

¡Jopé!… Mal me puede ir con tales principios para aspirar a ser jefe de filas en las votaciones, pues mis principios y finales son : el Jopé de cada día, LxE (Libres X Euskadi), el desayuno en compañía (mejor si es femenina) y el Arenas, ¡Aúpa el histórico, que no bajamos gracias a los chinos!.