Hasta hace unos días pensaba como algo improbable la posibilidad de un nuevo confinamiento pero gracias al buen trabajo en esas encantadoras COVID party de jóvenes y maduros, de esas terrazas sin distancias que el roce hace el cariño, de esas mascarillas a la moda del mentón o de lo imprescindible de la paella en familia con suegra , sobremesa y cigarrillo….y así, de forma tan laboriosa e incluso germánica, podemos volver a esos encantadores momentos de terraza solidaria.
Lo malo es que estamos en Otoño y nuestra latitud no es la de Canarias, con lo que esas tiernas escenas de balcón que tanto gustaron, son poco apetecibles.
De momento y encantado con perder mis vacaciones en Lanzarote me cago en la p.m. de chavales en el parque con su tierno botellón, locales de bares que pasan de la corrección de la mayoría de hosteleros, negacionistas, autoridades poco autorizadas, mayores con la mascarilla protegiendo el mentón, tan sensible el pobre, sintomáticos que heroicos escapan como prisioneros de Alcatraz del aislamiento dictado y tantos estúpidos etcétera.