Sin mascarilla. Día 106. Reloj no marques las horas.. sí, marca, pero solo eso, coño.

Es el tercero. Los dos anteriores no cuentan. Su capacidad de engaño no era poderosa. Este último, sin embargo, es temible.

No sólo me controla pasos, ingesta o pulso. Además, impertinente, controla mi sueño, la hora de dormir y para colmo, me indica con una alarma que llevo, deliciosamente, haciendo el vago según su rígida moral, cuando en realidad leo las flores del mal o reduzco en líneas mi pensamiento.

Porque entonces escandalizarse cuando observo una sociedad que pasa de estar constituida por ciudadanos a súbditos y a un paso de grupo de zombis a los que se les marcan hora de retirarse a casa, cuando no abrazarse o tomar una refrescante cerveza en una terraza con calefacción, sin mayor explicación que justificar la salud pública y sin argumentar críticamente tales intromisiones.

Es fácil ser crítico sin valorar lo propio, cuando mi liberación resultaría de no aportar ni enchufe y con ello energía a quien se ha entrometido de forma tan irritante en mi vida.