Disfruten aquellos que por suerte lo disfrutan hoy, con mascarilla y con gel, y buen provecho saquen del mismo.
Para algunos, grandes estudiosos del calendario, es una oportunidad de reducir significativamente la penosa contribución a lo laboral hasta hacer de los días laborables una inesperada sorpresa.
Otros sin embargo añoran quejarse por trabajar un puente dado que llevan tiempo y tiempo en un limbo laboral, como nuestros sufridos y añorados trabajadores de hostelería que cuanto echan en falta esa barra o esa mesa a la que servir, con o sin una sonrisa en puentes como el de hoy.
Los mayores no conocen de más puentes que el señorial puente de Las Arenas a Portugalete porque en su tiempo llovía más y no se estilaba.
Y mis amigos, los políticos, son más de destruir puentes que construirlos quizá porque vivan puenteando a sus rivales, compinches de su teatro.
Salgo con estas reflexiones de mi trabajo y como no me he ido de puente, camino entre humedad, frío y sirimiri para admirar, una vez más, el más bello de los puentes.
