Semana sin. Día cuarto y sin café.

No puedo entender un desayuno sin café y de hecho es con frecuencia mi único desayuno y a este primer café le siguen a lo largo del día otros muchos: de encuentro, del mediodía, después de comer, tras de varias llamadas o pacientes en el trabajo y también antes de dormir.

Es decir, un cuarto de la cosecha cafetera está destinada a mi persona, es por eso que un día sin café pudiera haber sido un día muy largo.

Sin embargo, salvo la infortunada sustitución del mismo por un zumo de piña que apenas me ha espabilado, ha sido un día muy pasable.

Mi consumo de café es posible no sea saludable pero es la mejor bebida para compartir una conversación con alguien interesante o entablar la misma con el sujeto que para uno debiera ser el más interesante, es decir uno mismo.

Así que mañana me volveré a encontrar con ese amargo sabor que tanto se parece al recuerdo de aquella quien por primera vez me rompió el corazón.

Semana sin. Día tercero, sin patinete.

Renunciar al mismo puede parecer una nimiedad pero cuando se lleva arrastrando una lesión muscular en gemelos desde Mayo, no lo es.

Pasear con Zuri, hacer algún recado, salir a comer fuera y hacer deporte y todo ello sin mi patinete ha sido un reto y muy esperanzador, mi pierna va recuperando su casi normalidad y el otrora andarín recuperará esa condición necesaria para ver la vida en la velocidad necesaria.

Vamos en permanente aceleración y pocos son los radares para limitar la sanción de vida a la que nos abocamos.

Es frecuente encontrar a personas abocadas a una ansiedad desmedida, ya sea por el trabajo, la familia o el entorno, sin comprender lo efímero y único de nuestra vida. A veces vamos con el paso cambiado y en ello perdemos la oportunidad de tantas cosas..

Recuperar ese caminar sin más objetivo que vivir de verás.