La propuesta de no incrementar de forma voluntaria el gasto que supone el vivir de cada día ha sido un sencillo problema.
El azar me ha permitido que mi desayuno tradicional de café y bollo de mantequilla fuera abonado por un cordial representante y además, tenía una cita para comer con una encantadora dama que había tenido a bien invitarme, por tanto y dado que no ha habido ni gasto en tabaco o visita a otros bares , ni compras extraordinarias o comunes, puede decirse que gorrón o no, son 24 horas de moverme sin dinero o tarjetas.
Por desgracia entramos muchas veces en una carrera como el del hamster en una rueda, entre el consumo de lo superfluo y el esfuerzo necesario para conseguirlo.
Ha de existir un término medio entre uso y abuso de lo material que nos permita dotar al mismo de su justo valor, nunca por encima de lo más importante y sino, siempre habrá alguien dispuesto a invitarte.
