Semana del sin…Primer día: sin móvil.

Toda un día de renunciar a algo que constituye una rutina, adicción..puede ser un ejercicio de observación interesante.

Ayer comencé con el móvil. Solo lo eche en falta en tres momentos. A la mañana en el baño, momento escatológico donde los haya y que aprovecho para leer las noticias y observar redes. A la tarde para conocer si la lotería me había concedido la gracia de no regresar de vacaciones y mientras gozaba de un paseo bilbaíno con mi circunstancia, por saber el resultado del Arenas frente al corajudo Amorebieta.

Mi conclusión es que mi dependencia al mismo no es tanta como la que me achaca la mayoritaria y algo despótica, parte femenina de la familia. Zuri no se pronuncia.

Los retos del resto de semana son bravos, un día sin azúcar y dulces, otro sin café..y el temible día sin mentiras.

Me preguntaba Laura que día correspondía a este último, con maldad reconocible, obviamente no se lo dije…

Sin mascarilla. Día 115. Amigos, enemigos y compañeros de partido ( y compañeros de bata blanca..).

Entre las acertadísimas frases de Winston Churchill, por propia experiencia me gusta especialmente está, como buen ejemplo de sabiduría del gran consumidor de puros, whisky y talento que fue.

Tras leer los reproches de un colectivo de profesionales de la Urgencia hacia la Atención Primaria, pienso que a la misma añadiría lo indicado entre paréntesis.

El colectivo sanitario que carga fama de corporativista, sin embargo es una fuente abundante de cainismo y así cuántas veces puedo escuchar los reproches de la medicina pública hacia la privada, de la atención primaria contra la hospitalaria y está con la primaria , de las especialidades quirúrgicas contra las que no lo son y así en una ristra inacabable de tribulaciones de unos contra otros y de todos contra todos.

La Salud se ha convertido en un gran diferencial que marca el bienestar social y ello, por ende, debiera otorgar un valor incuestionable a quienes trabajan a su servicio, lo que debiera condicionar una influencia positiva en la mejora de los aspectos profesionales y económicos del colectivo sanitario.

Lejos de ello, perdemos tiempo, energía y efectividad, en absurdas quejas de unos con otros.

Oh, si! Winston, compañeros de partido y como no, compis de bata blanca

Sin mascarilla. Día 111. Sabino bien vale una multa.

Viajar a Sukarrieta es agradable y hacerlo para homenajear a Don Sabino es obligado para todo jetzale.

Son 117 años y pese a que el mismo, hijo del pensamiento romántico nacionalista de esa época , tenga tufillo retro y pueblerino, también representa la enésima riña con el Reino de España, baste recordar como en el 911, el desaparecido Don Rodrigo tenía entretenido su ejército en el norte en querellas con los vascos, mientras la morería llegaba a Tarifa como quien hoy día descubre, por fin, Cádiz y eso que se perdieron el Montilla con taquitos de jamón viendo la mar desde Coín , imperdonable.

Y además y por sus barbas que veía en la Igualdad y Democracia de todos, el gobierno natural entre los vascos, dejemos aparte el asunto de los maquetos como un toque de caballeros del Sur en plantaciones de algodón, escuchando esas voces negras sin un Mártir Lutero King.

Así que ni restricciones, ni monsergas, pues por Don Sabino se paga cualquier multa.

Y el ejemplo? Eso …» Pati que yo no cuento».

Sin mascarilla. Día 110. El puente.

Disfruten aquellos que por suerte lo disfrutan hoy, con mascarilla y con gel, y buen provecho saquen del mismo.

Para algunos, grandes estudiosos del calendario, es una oportunidad de reducir significativamente la penosa contribución a lo laboral hasta hacer de los días laborables una inesperada sorpresa.

Otros sin embargo añoran quejarse por trabajar un puente dado que llevan tiempo y tiempo en un limbo laboral, como nuestros sufridos y añorados trabajadores de hostelería que cuanto echan en falta esa barra o esa mesa a la que servir, con o sin una sonrisa en puentes como el de hoy.

Los mayores no conocen de más puentes que el señorial puente de Las Arenas a Portugalete porque en su tiempo llovía más y no se estilaba.

Y mis amigos, los políticos, son más de destruir puentes que construirlos quizá porque vivan puenteando a sus rivales, compinches de su teatro.

Salgo con estas reflexiones de mi trabajo y como no me he ido de puente, camino entre humedad, frío y sirimiri para admirar, una vez más, el más bello de los puentes.

Sin mascarilla. Día 109. Enciendan las luces.

Esta tarde noche se cumplirá la tradición de encendido de las luces que acompañarán nuestras calles en Getxo por Navidad

Luces contratadas a una empresa de fuera de la Comunidad por supuesto, que mejor forma de fomentar nuestra economía. Los motivos que representan serán copitos de nieve, estrellitas y demás fruslerías a gusto, escaso, de la gente.

En nuestro barrio ya está instalado el gran abeto en el parque para iluminar los fin de semana los encuentros adolescentes a mascarilla bajada.

A celebrar toca el solsticio de invierno para algunos y para otros, cada vez menos, el nacimiento de Jesús. Cada uno en su forma y modo.

Navidades sin cenas de empresa, cotillones, con límite de personas en las cenas navideñas, nada de cabalgatas u Olentzero, misa sin gallo..

Puede parecer más triste, pero lo mejor está vivo y presente. Los momentos de recuerdo y encuentro con aquellos que si son importantes: familia, hijas, amigos y hasta mi entrañable suegra con la troupe de cuñados y cuñadas…todos ellos conforman el mayor de nuestro patrimonio. El amor, la solidaridad, la empatía y el saber que siempre estarán ahí.

Dale pues al botón Alcaldesa y que también esas luces iluminen una sonrisa en tu cara.

Sin mascarilla. Día 106. Reloj no marques las horas.. sí, marca, pero solo eso, coño.

Es el tercero. Los dos anteriores no cuentan. Su capacidad de engaño no era poderosa. Este último, sin embargo, es temible.

No sólo me controla pasos, ingesta o pulso. Además, impertinente, controla mi sueño, la hora de dormir y para colmo, me indica con una alarma que llevo, deliciosamente, haciendo el vago según su rígida moral, cuando en realidad leo las flores del mal o reduzco en líneas mi pensamiento.

Porque entonces escandalizarse cuando observo una sociedad que pasa de estar constituida por ciudadanos a súbditos y a un paso de grupo de zombis a los que se les marcan hora de retirarse a casa, cuando no abrazarse o tomar una refrescante cerveza en una terraza con calefacción, sin mayor explicación que justificar la salud pública y sin argumentar críticamente tales intromisiones.

Es fácil ser crítico sin valorar lo propio, cuando mi liberación resultaría de no aportar ni enchufe y con ello energía a quien se ha entrometido de forma tan irritante en mi vida.