El príncipe ibérico.

Concluso la dinastía Braganza en Portugal y con dos encantadoras princesas en España pese al disgusto de mi entrañable compañero de partido Chema o del antiguo jetzale cuya principal contribución a lo humano fue ser influencer de un modo de peinado creativo a tanto prematuro cuarentón y cincuentón de escasa cabellera o del enfadado criterio de los mal llamados perro flautas porque a poco que uno sepa o indague,son y al menos quienes dan rostro a los mismos, nietos de teniente coroneles del ejército alzado, hijos de funcionarios de ministerios variados y muy franquistas o de empresarios de dinero e hijos imposibles.

Por tanto, el único y real príncipe en lo ibérico es nuestro entrañable gorrino de cuya nobleza, vagando majestuoso por las dehesas y entre encinares o alcornoques, haciendo buena boca de bellotas, puedo dar fe y admiración.

Se dirá de su triste destino, pero es el propio del que nace y vive, final en matadero que en si concluye como otro cualquier final. Pero a diferencia de otros, este noble animal, aporta ese manjar en finas lonchas que en deliciosa voluptuosidad se deshace ahora en mi boca, mientras escribo, indignado por la
noticia de su consideración como alimento no recomendable.

Vivimos la impostura de modas y modos de una treintena de frikis que hallaron su Edén en Sillicoy Valley y dónde desean vengar malas formas y collejas que por años sufrieron en su High school.

Por cada burla en el vestuario, por cada negativa en el baile de graduación, por cada broma pesada y pasada..toma opinión y moda.

Y ahora..veganos.