Uno se sentía entre orgulloso, preocupado y responsable en aquella transformación en el cuerpo de ella a medida que iban pasando los meses de embarazo pero ni por asomo, pensaba en que tras aquel proceso de asombro biológico iba a sobrevenir todo lo que uno, nunca hubiera pensado en convertirse.
Para todos es fácil suponer admiración y respeto por la figura de tu padre, eso hace que veamos cómo improbable convertirnos y asumir ese papel que reconocemos como muy por encima de las posibilidades propias.
Deber olvidar, modificar o cambiar, esos pequeños egoísmos que creemos tan ligados a nuestra forma de entender la vida. Hábitos, rutinas que nos parecen imprescindibles.
En aquel momento era el squash. Me encantaba y el domingo por la mañana no faltaba a jugar en la agobiante pista del Marítimo, en épicas batallas deportivas. Mi día libre, como y porque renunciar a ello?.
Esa cosita de cara redonda, siempre demandante de movimiento en el cochecito cambió mis domingos, mis lunes y cualquier día. Y a es premio feliz, le siguió otro que chupaba su pulgar como un chupete.
Cambié las raquetas por las Barbies, las novelas por los cuentos, las tardes de cine y cena fuera por paseos y la Bella y la Bestia, las salidas de copas por infinitos cumpleaños .. y tras años comprendí que uno puede llegar a ser padre.
