Lo que de verdad importa.

Un amigo al que sobre todo quiero por ser mayor que yo y poder, sin rubor, decirle «pero que viejo estás»; me envía un fotograma del vídeo en el que Ayuso mostraba un Madrid en movimiento mientras ella corría con menos pericia que yo cuando intento ajustar la lámpara de la cocina que tiene la mala costumbre de desencajar de su ubicación encarnando una vida propia pero impropia de un objeto.

Me duele la imagen. Lo confieso. Uno se encuentra fascinado por sus pómulos destacados, los ojos vivaces y esos rizos que la dotan de un aire goyesco. Poco me importa los mensajes políticos que pueden gustar más o menos respecto a filias y fobias de cada cual y que al final constituyen un teatro repetido tan ajeno a la vida cotidiana como Iglesias de la Iglesia y en esto, el se lo pierde,pues bien pudiera hacer de apóstol y dejó a cada cual pensar en cuál de ellos.

La indebida imagen ( pensar que habrán pagado por la realización del vídeo) es reflejo de dos maldades. La primera, especialmente masculina, de anteponer lo físico como un valor principal y lo segundo, y más repartido en ambos sexos, de fijarnos más al valorar a los demás en lo negativo que en lo que fuera positivo.

Queda mucho tiempo para que entre nosotros, dejen de ser graciosos los chistes de bajitos, tartamudos o feos..

Entre tanto, me quedo con sus rizos
.