La macarilla.

Procuro no asomarme a los noticiarios y mucho menos en verano por salud física y mental. Me sienta mal el empacho de crisis política, sanitaria, proces y demás cositas con las que van entreteniendo a esta sociedad que pese a todo sigue constituyendo un lugar bueno para vivir, aún con mala leche.

Pero he caído en la tentación de hacerlo para encontrarme con el que representa, para mí, el problema nuclear y génesis de todos los males.

No creo me sea posible escuchar una vez más a la señora Ministra de Sanidad hablando de la obligatoriedad o discreción de uso de la » macarilla «.

Contar y no es la única perla del collar, con alguien en su puesto que sea incapaz de usar correctamente el idioma oficial de su país es la manifiesta realidad que amenazante se muestra.

No se trata de ideología o proyecto. El problema se limita a quién nos gobierna. No alcanzan a mostrar una formación suficiente para siquiera aspirar a una conserjería en cualquier oficina.

La » macarilla» como némesis.