Te levantas con el regalo de una hora más de sueño sin la urgencia del reloj dado el cambio horario y sales con tu café al porche para que la sombra blanca de Zuri, siempre al tanto de tus idas y venidas como amante celoso te siga y de improvisto salga a los jardines sin volver atrás y pasado el tiempo y todavía en pijama uno deba calzarse botas ya temiendo que no sepa regresar, cuando alegre e indiferente vuelve a mi.
Comienza así el día que discurre entre castillos como el de Coca cuyos ciudadanos según la toponimia no son cocoinomanos sino couquenses. Tras ello y con un carácter diferente, hemos visto otros castillos y todos ellos con un carácter diferente y distintivo, poco tienen que ver la aguerrida torre de Iscar con la soberbia impostada del castillo de los Fonseca en Coca.
Me gustan los castillos. Se que hoy en día, los puentes y su simbología tienen una mayor popularidad por lo que de unión y comunicación significan. Yo me quedo con los castillos y lo que representan. Protección y salvaguarda de derechos, libertades y la seguridad y conservación de lo propio y recordar que cada uno contaba con su puente levadizo que permitía el paso al amigo y se alzaba sino fuera así .
Hagamos fuete los castillos que guardan nuestras ilusiones, esperanzas, conquistas sociales o individuales. Fuera no todo está bien.



