Por mis muertos.

No me gusta Halloween. Lo encuentro disparatado pues blandir el te asusto sino me das golosinas se parece mucho a lo que hacen los gobiernos con nuestros impuestos y estos no necesitan maquillarse la cara o vestir sábanas fantasmales pues ya las llevan de serie. Cuando alguna de esas pandas de niños hace sonar el timbre, antes de abrir, mantengo sin luz el hall y me pongo la careta de majara perdido que tanto me recuerda a la de mi amigo A. tras el tercer gin-tonic, al mismo tiempo que recibo al encantador grupo, iluminó mi cara con una linterna.Fabuloso cuando salen corriendo escaleras abajo como alma en pena.

Sin embargo, me gusta celebrar como en México estás fiestas.Calaveras, adornos florales, buen tequila y a ser posible en el propio cementerio junto a los queridos o no familiares a los que pilló la puñetera Parca. Todos formaremos parte del siempre accesible club de los ausentes y así, prefiero si alguien me recuerda, que esto sea para compartir y al menos en espíritu, de la fiesta de los míos todavía en esta vida.

No celebrando ausencias, sino la vida y el recuerdo de la vida de nuestros muertos.