Día 1. De Getxo a Olmedo pasando por Valladolid y sin olvidar Medina del Campo.

Encontrarte con la pequeña en Valladolid es recuperar la alegría que está transmite de forma natural y la mejor forma de celebrarlo es con la excelente tortilla casera bien regada con un verdejo de la tierra en uno de sus numerosos bares de tapeo que tanta fama van otorgando a la ciudad. Gloria sencilla pero no baladí en una ciudad tan ligada a la historia.

Salimos pues bien pertrechados en espíritu y estómago en camino de la villa de las tres sietes pues Olmedo presume de ser villa de siete plazas , siete iglesias y las siete glorias de la repostería que uno puede encontrar en la Frías, entrañable comercio donde unos buñuelos pueden convertirse en una tentación en la que caer con absolución siempre añadida .

Tras progresar nuestra curiosidad viajera hacia el imponente castillo de Mota y una cena nada ligera en la bella Plaza Mayor de Medina, regresamos a nuestra morada y ya en ella y frente a la chimenea donde arden en mágica danza las leñas , reflexionamos entre Zuri y yo sobre la conveniencia de pecar una vez más con alguno de los buñuelos aún salvados a nuestra gula.