Al intenso frío del aire de la sierra solo cabe engañar con buenas prendas de abrigo, una buena copa de vino y la lumbre de una chimenea. Faltando todo esto, el recurso que queda debió ser el mismo que encontró el General Balmaseda en este jardín de la señora.
El guerrero carlista que asolaba la comarca, prometió entrar a sangre y fuego en Sepúlveda. Antes de tan inoportuno pronóstico, una dama que conoció al general de joven, mando recado y parlamento para con el. Cuentan que tras el mismo en el jardín, el tal general no cumplió su promesa de guerra y Sepúlveda no fue tomada.
Cabe imaginar lo que convenció al general o bien pudiera ser que no. Solo puedo pensar lo que mi simple mente de hombre me permite y si debiera ahora frente al lechal que me apresto a comer, elegir entre lo que uno imagina y este delicioso premio de la tierra, no sabría que elegir si es que de algún modo no pudiera prestar delicioso gusto a ambos.
