Siempre he tenido pendiente la lectura de esta larga carta que Óscar Wilde escribió desde la cárcel de Reading a su amante.
Aprovechando mi humor gris en estos días plomizos de lluvia mantenida y trabajo excesivo, por fin he leído la misma buscando la ilustración ética y desgarradura de quien conoce la falsedad de un amor que le lleva al dolor, ruina y el mayor quebranto.
Todo ello está presente en la misma pero la lección aprendida ha sido otra. El otrora dandy y gigante artístico, no bien liberado de su atroz prisión y aparentemente curado de la pasión que le ha derrotado, corre con su escaso bolsín a reencontrarse con su chico y este, una vez le desahoga de su dinero, le abandona.
Sin talento o con exceso del mismo, rico o pobre, triunfador o simple seguidor o seguidora del Athletic, perdemos nuestra razón e interés extasiados por un corte de pelo en el o ella, una caída de ojos o esa arrebatadora forma en que él o ella camina..
Igualados en democrática idiocia, no terminamos de ser sino juguetes ante los pulsos de serotonina y dopamina que nuestro cerebro consume y crea.
Más vulgar pero tan preciso es el dicho popular que afirma » mueven más dos tetas que dos carretas. «.
