Tengo pena de ser en esta orillatronco sin ramas; y lo que más sientoes no tener la flor, pulpa o arcilla,para el gusano de mi sufrimiento.

Así cantaba encantando la palabra de niño de Federico. Tras el extraordinario recorrido compartido con Carmelo Gómez en el Teatro, uno apenas disculpa el no tener tiempo o vida para reconocer la poesía con la entrega que exige su conocimiento y amor. Pero siempre en queja no puedo dejar de aborrecer como ni su música, ni la calidad de la revelación de la palabra abierta no llegara nunca a los que sufren de lo que llaman por llamar Educación.

Se testa generaciones que tras su paso por la formación obligatoria que más obligaría a quien la dirige e imparte, muchachos y muchachas de cuerpo alimentado y bien formado y no por pocas veces exuberante, tenga la parte más sensible e importante como atrofiada, mecanizada para dirigir pensamiento y forma en pantallas y teclados.

Generaciones que aún juntando las letras en asomo de lectura, no encuentran sentido a lo que estás pudieran dar a entender o transmitir.

La comprensión de la lectura pérdida en la irrealidad.

33 años

Dicen era la edad de Cristo. Supongo que el bueno de su padre en la Tierra pensaría preocupado en que su único hijo debiera ya sentar la cabeza y labrarse un porvenir, dejando de lado tanto vagar de pueblo en pueblo con esa cuadrilla que vaya uno a saber en qué líos se estaba metiendo.

Son 33 ya los años desde que en una fría tarde de Andra Mari nos pusimos este anillo que aún veo en el anular de mi mano derecha.

Muchas etapas de este Tour, con días en los que hemos subido el Alpe d’ Uez, otras han sido de cielo azul y llanura infinita y no pocas veces hemos cruzado el temible pavés con riesgo de tropezar y caer.

Desconozco cómo serán las etapas que restan, lo único seguro es que quiero compartirlas con ella.

No entiendo el misterio por el que me ha aguantado hasta ahora, forma parte de las incógnitas solo atribuibles a mi portentosa suerte y no es que me valore en poco, sería mentir a mi carácter, sino a lo que tanto me da por tan poco.

Mi recuerdo. Tan morena y el pelo rizado. Al otro lado de la carretera con su vestido azul y blanco a rayas horizontales.

La última noche del mundo.

Será martes. Marte siempre está metiendo líos.

Pero será una enorme mentira, la mayor. Pues el mundo más allá de la desaparición de la por momentos poco humana Humanidad, persistirá incluso en formas animales, siempre ha habido bichos que como lapas saben adherirse a la vida. Los que nos iremos seremos nosotros.

Nosotros y se nos quedará colgado el saber quién ganará la liga o conocer la verdad del monstruo del Lago Ness. Poca cosa.

Perderemos también conocer la sonrisa de los nietos que no nacerán, terminar de leer aquel libro o perdonar de veras ese resentimiento que hemos pospuesto por años. Demasiadas cosas.

Un avión que erró su rumbo, un misil equivocado en su destino, un mal día para cualquier tonto con un botón rojo..

Pero sí, como canta Tiziano Ferro, la última noche del mundo, la pasaría contigo..siempre contigo.

Sí, es buena..

En los casi olvidados tiempos del frontón era la respuesta cuando una bola dudosa o no, era protestada por él.

Casi siempre en un momento importante. Se trataba de evitar su respuesta exagerada y desbordada si no le favorecía la decisión. Uno siempre se quedaba con las ganas de parar los pies a casi dos metros de soberbia.

Algo así me hace pensar en la triste historia de ese frío sociopata con anhelos de Iván el terrible. Las ganas de detener su estúpido afán se ve frenado por el temor a una respuesta cuyo precio resulta inaceptable.

Entre el sí es buena y lo que sería justo debe existir una respuesta que se debe buscar.