En los casi olvidados tiempos del frontón era la respuesta cuando una bola dudosa o no, era protestada por él.
Casi siempre en un momento importante. Se trataba de evitar su respuesta exagerada y desbordada si no le favorecía la decisión. Uno siempre se quedaba con las ganas de parar los pies a casi dos metros de soberbia.
Algo así me hace pensar en la triste historia de ese frío sociopata con anhelos de Iván el terrible. Las ganas de detener su estúpido afán se ve frenado por el temor a una respuesta cuyo precio resulta inaceptable.
Entre el sí es buena y lo que sería justo debe existir una respuesta que se debe buscar.
