Así cantaba encantando la palabra de niño de Federico. Tras el extraordinario recorrido compartido con Carmelo Gómez en el Teatro, uno apenas disculpa el no tener tiempo o vida para reconocer la poesía con la entrega que exige su conocimiento y amor. Pero siempre en queja no puedo dejar de aborrecer como ni su música, ni la calidad de la revelación de la palabra abierta no llegara nunca a los que sufren de lo que llaman por llamar Educación.
Se testa generaciones que tras su paso por la formación obligatoria que más obligaría a quien la dirige e imparte, muchachos y muchachas de cuerpo alimentado y bien formado y no por pocas veces exuberante, tenga la parte más sensible e importante como atrofiada, mecanizada para dirigir pensamiento y forma en pantallas y teclados.
Generaciones que aún juntando las letras en asomo de lectura, no encuentran sentido a lo que estás pudieran dar a entender o transmitir.
La comprensión de la lectura pérdida en la irrealidad.
