Día 1. Nunca estuve en Granada..

Así decía Rafael Alberti. Yo puedo y no puedo decir lo mismo, pues mi visita juvenil a Granada lo fue semanas después de playa y discotecas de Marbella, con suma y cima de interés por los topless, ligar como si los 17 no fueran sino para ello y entrever el aire de Rosarito Flores siempre de salida en cualquier local cuando uno entraba, como destino esquivo.

Así que se me escapaba la belleza de las fuentes que desde la Sierra alegraban la bella ciudad nazarí y los corrillos de arte de sus cuevas o la galanura siempre triste de la Alhambra.

Ahora vuelvo con un sistema circulatorio cansado de exceso, una familia que ni soñé y los ojos bien abiertos a lo que me pueda ofrecer.

Vuelvo a Granada, como canta Miguel Ríos, dispuesto a hacerle hogar como todos los lugares donde me he sentido feliz, desde Asuan a la isla de la Maddalena. Huir de los 9 a 12 y de las 2 a las 8.