Ninguno de los dos. Zuri no encuentra sosiego en el apartamento y termina por instalarse en la terraza, ajeno a todo y adaptando un sentido despegado de los inconvenientes del calor. Mística perruna.
Lo mismo me ocurre a mi. Si estuviera solo pondría el aire acondicionado o al menos el ventilador que cuelga del techo, sería sencillo.
Pero compartir habitación hace que alguien ceda y de ordinario, lejos de hacerme la víctima, soy yo. Ella ama tener la habitación en total oscuridad y bien cerrada mientras yo de ordinario no suelo bajar las persianas y la entrada de luz no me hace despertar.
Pasan las horas y me siento como en la cámara mortuoria de cualquier egipcio clásico, solo espero el tránsito hacia Osiris.
Si al menos, hubiera sexo…
