Nunca mi conocido acento de capo colombiano resultó tan creíble. La serie narcos y el Escobar como maestros del lenguaje.
En principio pensé en usar mi reconocido acento eslavo, pero mi físico más mediterráneo me delataria.
Tenía curiosidad por saber de lo ofertado por un millón de euros en ese gracioso edificio creado sobre una pista de tenis y poco más pero todo ello a pie de playa
La recepción fue cordial y muy acogedora seguramente por estar acompañado por la elegante mujer que me acompaña. Nadie puede negar que destila una sencilla clase que no se aprende, uno o una, como en este caso nace con ella.
Subimos al piso piloto, de extraordinaria vista y tras el recorrido con salida al balcón, comenzó la información meramente económica.
Nadie piense que tuviera la mínima intención o posibilidad de adquirir algo así, uno pertenece a la clase media o mejor a lo que llamo clase limón, pues cualquier administración se encariña en exprimirla todo lo que puede. Bueno, tampoco tiene mucha relevancia, la crisis que viene nos igualará por debajo a todos, menos a los pocos de siempre.
El punto culminante llegó cuando pregunté si había descuentos por pago al instante y al mismo tiempo echaba mano al bolso que colgaba en mi hombro, como dispuesto a sacar billetes en fajos de 500.
Muy amable, el joven nos indicó que no estaba autorizado para contestar y debia consultarlo.
Aguantando,sin manifestar alarma, la situación. Buen profesional.
