Ella con sus sandalias con plataforma, pantalones de ancho vuelo y blusa negra. Con cuatro jovenzuelos.
Alegres y sin notar aún el cansancio de la fiesta . Te cruzas a las 8 de la mañana mientras paseas con Zuri y te das cuenta de que al igual que noche o día, juventud y vejez siguen ritmos que apenas se cruzan sin mirarse.
Otro día uno estuvo allí y ahora se encuentra acá, diferentes pero con un significado no opuesto. Cada momento también tiene vida. Diferente si, pero tan real y aceptable como son cada uno de nuestros momentos.
Los ves y puedes verte. Ellos aún no lo saben pero también se están viendo.
Vida al amanecer.
