Siempre hay una primera vez y dicen que uno siempre la recuerda. Quizás.
Culpa nuestra. Ya había visitado por supuesto nuestras playas y algunas de Gipuzkoa o Cantabria.
También es cierto que nunca tuvo un mero asomo o interés en descubrir las sensaciones que pudiera experimentar si hubiese dado el paso.
Esta vez no pudo escapar a la vitalidad de ella. Al fin y al cabo cuando están juntos ejerce su autoridad o capricho sobre él.
El se mostraba esquivo a acompañarla, es una playa de piedras y algas, incómoda para sus cortos pasos. Ella es decidida, lo tomo en sus brazos y sin que pudiera reaccionar se adentró en el agua y lo dejó caer.
No existió el instinto, cayó como una piedra hasta el fondo y allí fue rescatado en sus brazos. Bautizo de agua Zuri.
