Pronto llegará Santiago y las paellas pero hasta entonces serán ya varias las disfrutadas o no, por cualquiera este verano.
Recuerdo la primera en casa de los suegros, de encargo y poco bueno puedo decir de ella, salvo el placer de compartirla con gente buena, pueden ser suegros o cuñados pero no tienen la culpa de ello, es un pecado venial.
La segunda, inaceptable paella de Thermomix en casa del presi, de resultado taurino ..con pitos y saludos al tercio, pero con el valor de ser comida de chicos sin la estimada pero también en ocasiones excesiva, presencia de mujeres y otras consortes u otros consortes.
La tercera ya de vacaciones con esposas. Afortunadas esposas en las muñecas. Madre e hija. En el restaurante Guillermo. Fantástica manera de ser feliz. Buena comida y además compartida con quién quieres.
La postrer, antes de Santiago, con aquella con la que comparto vida y camino. Admirable en todo y sobre todo, por aceptar a quien escribe, admirado aún que pueda aguantar la carga de convivir con este personaje.
Paella como convivencia compartida en buena mesa.
