No. Ni siquiera el bueno de R.. siempre a la caza del último I-phone con sus innumerables gadget sería capaz de llegar a ceder un riñón, posiblemente por su conocida hipocondría.
La noticia, trágicamente divertida, aunque posiblemente falsa me hace pensar. Lo importante en ella es que tampoco nos extrañaría que fuera verdad.
En la alocada carrera por adquirir cosas que terminan por no caver en nuestro hogar nos dejamos trocitos.
Por aquellas entradas con palomitas para ver en el cine esa comedia cuyo final conocíamos incluso antes de sentarnos en la butaca, el coste pudiera ser el apéndice, divertículo poco funcional y tan problemático en ocasiones como un adolescente.
Los más de 300 euros de cena en el restaurante de Dabid- por absurdo que parezca lo escribe asi- Muñoz y gozar de los delirios del mismo, el coste no puede bajar de una vesícula, saco de nuestra mala o buena bilis.
Y una ortodoncia y las vacaciones y el Erasmus del chaval y ..y..y..
Termino por dejarlo, ha sonado el timbre y espero sea el repartidor de Amazon. Me ha costado un ..pero no puedo estar más tiempo sin …( Añada lo que guste).




