Hasta que la boda nos separe..

Maldecía al Google Maps que se empeñaba en llevarnos por aquel camino de tierra y piedra entre patatales. No llegaríamos nunca y es posible que el coche con nosotros dentro terminará en una de las amenazantes zanjas a uno y otro lado.

Antes ya, no dimos con el camino hasta el hotel donde teníamos previsto cambiarnos para la ceremonia. Desechando llegar al mismo, se impuso cambiarnos en un arcén bajo la solana y, posiblemente, la mirada curiosa de los pasajeros de los coches que cruzaban.

El enfado y reproche entre los dos eran los previsibles. Al final y amparados por el San Antonio que regalado por una paciente, llevo en mi cartera, aún tarde, llegamos al románico y romántico santuario.

Entonces el cielo fue más azul. La entrañable ceremonia, una encantadora pareja de novios, amables invitados, buen ambiente y una comida que dejaba por comparación, en pobre hamaiketako las celebradas bodas de Canaam ..apuntaron una sonrisa entre los dos mientras errabamos el ritmo de bachata en el jardín.

Hasta que la muerte nos separe y amén.