Es sabido y recomendable el cambio de las prendas intimas con asiduidad dado como el nombre indica, la proximidad a nuestras zonas genitales y excretoras. Evitando que terminen tales sacrificadas prendas como tiesas receptoras de lo imaginable.
Contienen pues aquello que debiera ser eliminado como innecesario recuerdo de nuestra humanidad.
Tanto o más íntimo es para un ciudadano – empleando el genérico denostado- la relación con la Administración más inmediata representada por su Ayuntamiento.
El mío, lleva sin cambiar de braga o calzoncillo la considerable cifra de 43 años y allí fruto del tiempo han ido acumulándose tantas cosas ..
Hablar de ellas huelga pues unas u otras son dominio de cualquiera que tenga oídos, ojos o simplemente olfato para comprender lo que tenemos, lo que nos falta o lo que han hecho desaparecer.
En menos de un año, el acomodado en la rutina pueblo de Getxo, debe elegir si mantener la ropa intima otros cuatro años sin lavar o dar oportunidad a un necesario cambio higiénico.
Ante un olor no grato, unos optarán por tapar las narices, otros se sentirán agradecidos de la peste y se espera, pero poco, que algunos preparen ya la lavadora.
Mayo dirá..
