Ya casi acostados en esta villa interior y de bellis rincones, terminamos la agotadora jornada con una cena del cochino isleño mientras una poblada cuadrilla ameniza entre guitarra, canciones y risas el ambiente.
Poco se necesita para encontrarse con la caprichosa felicidad, esto me parece en este pueblo donde lo sencillo se hace amable y cordial.
Venimos de visitar muertos venerables en el barranco de los gatos donde tras salir a una urbanización, hemos tardado más tiempo en encontrar una salida a la misma que honrar a los mismos en sus tumbas aborígenes.
La suerte nos ha sonreído cuando hemos encontrado a una pareja inglesa que se han unido a nuestra desnortada expedicion para encontrar una salida .
Tras ello en nuestra parada de las Dunas hemos encontrado un ir y venir de colgajos masculinos al aire entre matorrales en encuentros sospechosos de amores breves. Mucha caminata para no apreciar este reposo en el calmo ingenio.
Mañana estaremos en casa.






