Cómo así se dice en estas calles, pocas cosas parecen ser suficientes para sin temor a la lluvia, recorrer las viejas rúas de Tudela.
Una de ellas y no menor, es ver y disfrutar de la puerta del juicio final en su catedral, verdadero comic medieval que instruía de modo efectista sobre pecados y su condena eterna o bien el premio a la virtud, también eterna pero posiblemente muy aburrida.
Uno va deteniéndose en cada figura de los pecados y no puede dejar de observar como muchos sino todos ellos van siendo a día de hoy lejos de hechos del mal, usos y costumbres de nuestro día a día.
Todos por tanto condenados o en nuestra época todo resulta razonable y por tanto carece de culpa?
Discrepo conmigo mismo mientras me protejo de la lluvia entrando en el palacio del libertino y liberal marqués de San Adrián y contemplo embobado los frescos grises de las diosas en su escalinata.
Entiendo bien cuál puede ser la causa de mi eterna condena
