Día 7. Las Negras.

La visita a la cala del Cuervo, adyacente a Las Negras es recomendable pero no por ello deja de sorprender como en esta, al igual que en el resto de calas, se permita su uso por los canes y el nudismo. No intento poner en igualdad ambas condiciones y si debiera inclinarme por una u otra, viendo la licita insolencia de los cuerpos y almas de quién práctica el nudismo, me quedaría siempre con los canes que en general muestran una alegría y desparpajo natatorio que complace en su observación.

Entre las simpáticas mascotas, dos malteses que por pequeños bien pudieran ser sobrinos de nuestro Zuri y al igual que el mismo, poco amantes del agua y si mucho de fisgonear por aquí y por allá.

Me acuerdo por tanto de quién en mis dos largos meses de convalecencia marcaba mis pasos del dormitorio al banco y de este a la cocina o la terraza, en una intimidad soñada por cualquier defensa sobre Messi.

Me aportaba cariño y preocupación de forma desinteresada .

Mal pagador he sido por no incorporarle a estas vacaciones de familia, pero no siempre el amo está a la altura del perro.

Día 6. Las Negras.

La visita a la conocida playa de los Genoveses es obligada, su entorno y la calidad del agua y arena hacen de ella una joya muy digna de genoveses o de cualquiera que ame la Naturaleza.

En su flora siempre me ha llamado la atención la pita americana. Esta planta al final de su ciclo vegetativo, desarrolla un tronco de hasta dos y tres metros que permite la polinización. Su muerte implica vida y su edad final es brillante y necesaria, contrasta con nuestra observación de la vejez en el mundo de hoy, donde a la vejez no se le escucha, se aísla o se oculta como un mal.

Triste tiempo el de la pica humana.

Día 5. Las Negras.

Quizá, dado lo políticamente correcto, debiera llamarse hoy en día como Las mujeres de color y por supuesto empoderadas. Pero al margen de esto es un pueblo de belleza marinera.

Mucho turismo, sobre todo nacional, lo cual es una buena noticia y dado los precios de una simple ración de calamares a 20 euros, la recuperación económica, a costa de los bolsillos turísticos, va a ser pronto un hecho.

Son ocho años sin volver a cabo de Gata y es grato saber que pese a tanto tiempo, poco a dejado de enamorarme está mixtura de roca, sequedad, matorral muy pegado al suelo, mares de plástico y una costa abrupta con sus riscos enfrentados al mar cálido, azul de mil matices.

Un mojito al término del día relaja el pulso de la agitación sufrida al intentar plegar una de esas tiendas extensibles en dos segundos y que sólo ha cedido en su testaruda resistencia a ser recogida, al talento de mi pequeña, lo cual era fácil de prever, pues es montadora de cine y documentales y al fin y al cabo era simplemente buscar una solución de montaje.

Día 4. Cartagena.

Cenando en la azotea de la casa reflexiono sobre el Fortuna propicia, como lema en mosaico de la puerta trasera de la casa romana que hemos visitado.

Todos tenemos el deseo de que la fortuna nos sonría y nos sentimos muy merecedores de la misma. Es así mi infantil deseo con el juego de la lotería, Euromillones.. La observación de que la fortuna se ve ligada al atesoramiento material como un valor indiscutible.

Pero ni la mayor riqueza en dinero o posesiones alargará un día más la protección de mis stent, o me hará más justo o talentoso, ni siquiera añadirá verdaderos amigos con los que sincerar mis dudas, ni me acercara a mis mujeres queridas más de lo que quiera esforzarme.

Lo único que pudiera aportarme es quizá saber de una vez que la fortuna es aquella que no puedo contabilizar en apuntes de mis cuentas.

Soy ya tan inmerecidamente rico cuando comparto esta cena con ellas, cuando recibo el saludo de un amigo y puedo sentirme cobijado, alimentado y permitirme sentir que este día y tantos otros han sido bellos y no puedo perderlos.

Fortuna propicia como lema de lo que podemos disfrutar y que de algún modo haré presente como leyenda en mi hogar.

Día 3. Cartagena.

Hay personas capaces de crear y otras son máquinas incansables de destruir y ello viene a cuento del contraste entre el admirable nuevo museo del Foro Romano, ejemplo de valor didáctico y gusto en la presentación al público del rico patrimonio de la ciudad.

Y frente a ese ejemplo, la imperdonable costumbre de la playa de la ciudad. Recoleta cala donde se impone la costumbre del indeseado hilo musical de un regeton a pleno volumen para escasa satisfacción de quién se halle a no menos de 100 metros del radio de acción mortífero del simpático grupo de jóvenes de tatuajes de vírgenes improbables y amorcito a la madre que los parió, con sus gorras, gafas de espejo e incomprensibles calzoncillos de marca bajo un traje de baño, completando el hermoso disfraz con dorados en collares o pulseras

Atentar la Paz serena del veraneante que quiere adormecerse con el suave ronroneo de la mar sobre la orilla es crimen sin castigo suficiente en Guantanamo o en las oscuras celdas de Maduro.

Verano.

Día 2. Cartagena.

No es Cartagena de Indias. Esa visita está reservada para compartirla con mi amigo J., tan amante de la América colonial como del sensual mestizaje de la piel de las bellas mujeres de aquella ciudad colombiana.

Cartago Nova. La Cartagena cantonal y visitada por todos los pueblos de este mediterráneo que intuyo desde la magnífica azotea donde repaso con placer, la alegría de las croquetas de carabinero compartidas con otros deleites junto a las curvas sensuales de los ficus de la plaza de San Francisco.

A pocos metros, en esta calle del centro el esqueje de un templo romano. El Imperio vencedor de Cartago. Recuerdo el preparatorio del colegio donde nos imponían la rivalidad entre romanos y cartagineses. Amaba ser uno más de esos arrasados cartagineses ya anunciando mi voluntad de perdedor y orgulloso.

Esta todavía temprana la mañana y van cruzando el cielo que se despeja de nubes, palomas y golondrinas y se escucha los graznidos próximos de las gaviotas inquietas ya en busca de su carroñera comida.

Mis mujeres duermen mientras sueño con encontrar el submarino de Peral para encontrar en el fondo las respuestas que desconozco. Quizá no importen y la respuesta no sea sino vive y olvida el porque.

Día 1. De Getxo a Cartagena.

Me encanta tomar un avión. He aprendido a disfrutar al contrario de mi juventud, en poner en manos de otros y desconocidos, la responsabilidad de mi seguridad; establecer mi confianza sin preguntarme si quién me dirige al destino elegido, ha pasado mala noche, desea abandonar este cruel mundo o sufre un ataque de hemorroides. Puro dejar fluir, como la actitud de tantos sobre quién nos gobierna o administra. En el fondo soy un buen ciudadano sin pensamiento propio.

Tomar distancia de este tristísimo y calamitoso verano de mi pueblo, donde el sol y la luz es una deseada y esquiva visita. Añadir rutas y kilómetros a la evidente desgana en mi trabajo, a sus exigencias, a su infortunado horario, a las demandas que me dejan perplejo y a la insistencia en pedirme certezas cuando ahora dudo de todo.

Estos viajes de familia son la mejor terapia para disfrutar con la sencillez necesaria, sin deseos de hacer participe a tantos anónimos reflejando en Instagram lo generoso y envidiable de mi ocio en lugares con encanto y una sofisticación que por compartida se torna vulgar y falsa.

Apenas unas cartas, el blog de dibujo y lo inesperado al encontrar un buen libro tras tanta hoja editada sin mayor valor.

Primer día de vacaciones.

Entendido.

He terminado de entender lo que la mayoritaria opinión determina en medios, siempre con el mismo perfil de progreso, solidaridad y bonhomia que curiosamente se asocia a personas o ideologías que poco pueden presumir de ello.

Es horroroso sentirse orgulloso de nacer y sentirse español en contra de las bondades infinitas que derivan de sentirse andaluz, vasco , catalán o melillense exclusivamente. Resulta alarmante y denunciable amar su himno o bandera o el repaso histórico de su pasado con aciertos o errores, en contraposición con la ideal biografía de los hombres que naciendo legalmente españoles, desprecian su nombre, símbolo e historia y que no en pocas ocasiones hacen lo indecible contra ella.

No hay perdón para quien pueda sentirse calmadamente satisfecho de ser heterosexual pues la gracia solo está dispuesta para quien es gay , lesbiana , trans o vaya usted a saber.

Detestable esbozar opiniones favorables sobre Ejército, Policía nacional o autonómica o Guardia Civil y altamente recomendable compadecer al que delinque por su mísera condición sin duda por la culpa de lo social.

Neoliberal e insoportable, considerar que no puede haber diferencias en el trato a cada Comunidad para permitir una Igualdad de oportunidades y considerar que Justicia, Educación y Sanidad son derechos en igualdad para todos los ciudadanos.

Imperdonable, suponer que nuestra Historia reciente pueda tener más de una lectura y considerar la Transición como un logro general y ponderar sin embargo, escribir una nueva historia con villanos y héroes y ademas hacerla presente y no lejano pasado.

Perseguible afirmar que las sociedades con mayor empuje, lo son en base a la actividad de lo privado y la herramienta de lo público como ayuda y no contrapeso.

Imprudente juzgar a quien dice representar solidaridad no por sus palabras sino por la realidad de sus hechos cotidianos.

Irrelevante exigir en la Educación y lo social, el premio al esfuerzo y la disciplina ante las conductas agresivas o asociales.

Entendido…más no aceptado.

La macarilla.

Procuro no asomarme a los noticiarios y mucho menos en verano por salud física y mental. Me sienta mal el empacho de crisis política, sanitaria, proces y demás cositas con las que van entreteniendo a esta sociedad que pese a todo sigue constituyendo un lugar bueno para vivir, aún con mala leche.

Pero he caído en la tentación de hacerlo para encontrarme con el que representa, para mí, el problema nuclear y génesis de todos los males.

No creo me sea posible escuchar una vez más a la señora Ministra de Sanidad hablando de la obligatoriedad o discreción de uso de la » macarilla «.

Contar y no es la única perla del collar, con alguien en su puesto que sea incapaz de usar correctamente el idioma oficial de su país es la manifiesta realidad que amenazante se muestra.

No se trata de ideología o proyecto. El problema se limita a quién nos gobierna. No alcanzan a mostrar una formación suficiente para siquiera aspirar a una conserjería en cualquier oficina.

La » macarilla» como némesis.

Ganarás el pan..

Esta noticia de hace algunas semanas me ha hecho reflexionar sobre el talento que algunos poseen para hacer que su vida sea más fácil.

Talento sin duda para que nadie eche en falta en su trabajo al individuo y ni siquiera, entiendo, cuando llega la celebración de Navidad entre los compañeros de empresa y se pregunta por quien vaya a animarse a comer y beber en exceso con los que además de forma nada voluntaria pasas un tercio de tu tiempo.

Entiendo que su trabajo tiene un supervisor que a lo mejor también ha estado ausente esos quince años, pero a lo mejor es que,mi ya admirado sujeto, entendió que su trabajo en si no merecía la pena para gastar tiempo y esfuerzo en el o mejor, que no estaba seguro de poder realizarlo de forma eficaz y con buen criterio se borró del mismo.

Quién si demostró finura laboral sería la persona encargada de que su nómina llegará puntual con los aumentos justos al convenio y los trienios bien establecidos.

Para algunos puede resultar criticable pero cuanto mejor puede irnos si muchos cobrarán sin trabajar y por ello sin dificultar los resultados sociales, como a mí entender sería genial en el caso de tantos ministros, consejeros y otros miembros de esa fauna que como termitas invaden los presupuestos con empresas y objetivos ruinosos o simplemente nocivos para la salud económica o social de un país.

Así ejemplos como el del hospitalario señalado o más notorios como el del ministro astronauta son dignos de reflexión y algún aplauso.