Mi experiencia en terremotos es limitada. Ahora puedo hacerme una idea cabal.
Desplazado al sofá cama tras la llegada de nuestra peque, uno se disponía a dar buena cuenta al sueño que tan limpio y placentero se ofrece en vacaciones.
– Se está cayendo el techo. Grité, cuando un trozo de algo cayó a mi brazo tras un estruendo en dos fases.
Angustia. Me lleve la mano al pecho de forma inconsciente, supongo que temeroso de que mi corazón señalará que no le convienen sustos, cuando la luz se encendió y ellas trajeron la verdad a la habitación.
El que no aparecía era Zuri. No es de extrañar. La mala conciencia.
En el suelo platos decorativos, loza variada, algún vaso y la bandeja que los albergaba junto a las patas que los sustentaba.
El príncipe nocturno del desasosiego canino, en uno de sus paseos tuvo que toparse con aquello y mandar a la basura todas esas baratijas estridentes que forman parte de la decoración del apartamento.
No le culpo si el deseo era desembarazarse de tanta morralla pero le condeno por poner a prueba mi pobre corazón..









