
“ …cocidito madrileño, repicando en la buhardilla…” así cantaba el coplero José Blanco.
En la ceremonia de este popular y sabroso potaje entran los tres vuelcos (desde la olla a la bandeja) separados y solemnes, que me recuerdan a los que van a sobrevenir a nuestro País Vasco y por ende al resto de España.
El primero, el ligero caldo de lo cocido: en base a lo magnífico de nuestro servicio de Salud, la fuerza con la que salimos de la crisis y demás proclamas sobre que nadie quedará atrás.
Va el segundo, sustancial, de los garbanzos en base a sueldos sin trabajo, ayudas a todos, pero siempre más a quienes más quiero.
Y el tercero, de valientes, con las viandas y tales carnes, con incremento de impuestos, reducción de salarios a funcionarios y un trágala de un 20 % al menos ..de paro.
Jope, mucho para digerir (y se avecina indigestión)… me quedo con la promesa de una amiga, gran persona y para mí desconocida cocinera, de invitarme a este suculento y popular plato. ¡Buen provecho!