
Me responde una persona en referencia al tweet que publiqué con el “Despierta Euskadi”, que más nos valdría despertarnos a nosotros que cabemos, algo apretados supongo, en un taxi.
No voy a engañarme, no levantamos enardecidos tumultos donde masas enfebrecidas corean al unísono lemas y proclamas. Y ni falta que hace.
El camino no es el de grandes conversiones sino el del convencimiento y la aprobación de uno a uno de nuestros posibles votantes.
No hay otra forma cuando sólo existe detrás trabajo, ilusión y honestidad.No se trata de un marketing para vender un producto ocasional y de temporada, sino un proyecto de transformación social basado en la responsabilidad individual y el control ciudadano sobre quiénes deben servirnos.
Mucho trabajo y esfuerzo como para no tomarlo con la paciencia necesaria. Odio correr, salvo sea tras una pelota o bola. Lo que proponemos es tan urgente que debemos ser pacientes para que este proyecto no caiga en la vulgar trama empresarial de otras alternativas que despertaron ilusiones antaño.
Jope, estimado respondedor del tweeter, menos eran los apóstoles y la guerra que han dado.