Sin mascarilla. Día 74. Enma.

No lo hacía desde febrero. Lo otro sí, bueno estaría.

Regresar al cine, aún en una sala que parecía de los años 50 en un pueblo de Wisconsin aterrorizado por la amenaza de guerra biológica con la URSS, es una gran experiencia.

Y lo mejor, la deliciosa adaptación de la obra de Jane Austin con ese personaje inteligente, bello, independiente y lioso que es Enma.

El sumo placer lo he alcanzado con la prohibición del consumo de palomitas, chuches y coca-colas en la sala, por fin una medida adecuada, los políticos y los burros – perdón a estos por incluirlos en el mismo grupo- también pueden hacer sonar la flauta por casualidad.

Odio esos plásticos que se desgarran cuando la prota está relatando su infidelidad, o el sorber del refresco en el justo momento en que cae muerto el amigo del héroe y a que seguir…

Vengan, mientras podamos, al cine y ahora, además comidos y bebidos.