Llega la fecha. La oportunidad para hacernos con esa chaqueta soñada, el móvil imprescindible o ese telescopio que olvidaremos tras varios días nublados.
Solo en Getxo, los nuevos pajes de Oriente y Occidente se moverán raudos para dejar los presentes avalados por nuestras estupendas tarjetas de crédito.
Pese a todo y dado lo ahorrado en pintxo- pote, vermú del domingo con rabas y cena en ese japonés tan mono, serán millones de euros los que como cada año saldrán sin rubor de nuestras carteras.
Ese dinero marca una directa simetría con el que empieza a ser imprescindible en el otro Getxo. El Getxo que acude a los arterioescleroticos servicios sociales del Ayuntamiento o a Cáritas, Cruz Roja o banco de alimentos con la simple demanda de comida para hoy y me temo que para mañana.
Ese otro Getxo de pisos pirata ocupados por hasta 10 personas que al oír el timbre no esperan al repartidor de Amazon sino más probablemente al cartero que depositara en el buzón una nota de supresión del servicio de agua por impago.
Ese otro Getxo sin voz entre nuestros representantes. El Getxo ignorado y que necesita, hoy como nunca, no ya nuestra ayuda sino la exigencia de que sea, de una vez, servido por sus representantes.
