Día 3. Cartagena.

Hay personas capaces de crear y otras son máquinas incansables de destruir y ello viene a cuento del contraste entre el admirable nuevo museo del Foro Romano, ejemplo de valor didáctico y gusto en la presentación al público del rico patrimonio de la ciudad.

Y frente a ese ejemplo, la imperdonable costumbre de la playa de la ciudad. Recoleta cala donde se impone la costumbre del indeseado hilo musical de un regeton a pleno volumen para escasa satisfacción de quién se halle a no menos de 100 metros del radio de acción mortífero del simpático grupo de jóvenes de tatuajes de vírgenes improbables y amorcito a la madre que los parió, con sus gorras, gafas de espejo e incomprensibles calzoncillos de marca bajo un traje de baño, completando el hermoso disfraz con dorados en collares o pulseras

Atentar la Paz serena del veraneante que quiere adormecerse con el suave ronroneo de la mar sobre la orilla es crimen sin castigo suficiente en Guantanamo o en las oscuras celdas de Maduro.

Verano.

Día 2. Cartagena.

No es Cartagena de Indias. Esa visita está reservada para compartirla con mi amigo J., tan amante de la América colonial como del sensual mestizaje de la piel de las bellas mujeres de aquella ciudad colombiana.

Cartago Nova. La Cartagena cantonal y visitada por todos los pueblos de este mediterráneo que intuyo desde la magnífica azotea donde repaso con placer, la alegría de las croquetas de carabinero compartidas con otros deleites junto a las curvas sensuales de los ficus de la plaza de San Francisco.

A pocos metros, en esta calle del centro el esqueje de un templo romano. El Imperio vencedor de Cartago. Recuerdo el preparatorio del colegio donde nos imponían la rivalidad entre romanos y cartagineses. Amaba ser uno más de esos arrasados cartagineses ya anunciando mi voluntad de perdedor y orgulloso.

Esta todavía temprana la mañana y van cruzando el cielo que se despeja de nubes, palomas y golondrinas y se escucha los graznidos próximos de las gaviotas inquietas ya en busca de su carroñera comida.

Mis mujeres duermen mientras sueño con encontrar el submarino de Peral para encontrar en el fondo las respuestas que desconozco. Quizá no importen y la respuesta no sea sino vive y olvida el porque.