Bien pronto y con la mañana aún temprana salgo antes que mis bellas durmientes hayan hecho aparición estelar y así, recién desayunado me voy a comprar vicio y capricho.
Ya en la calle me encuentro a una señora tendida en la acera y atendida por otra mujer. Uno no puede dejar al margen la obligación de su oficio y me aproximo pensando en un síncope.
La buena mujer, sin embargo, se ha resbalado y golpeado la cabeza. Habla, está orientada, mueve brazos y piernas y no parece haber fractura en cuello pero dado la herida parietal y el dolor en mastoides creo necesario mantenerla en posición y solicitar una ambulancia.
Me cuenta quién la atendió al caer, a mi pregunta de si hay centro de Salud que si y muy bonito, pero cerrado y que los únicos médicos en el pueblo son los que vienen de turistas.
Cuentan, dice, con una ambulancia con enfermera y técnico a la entrada del pueblo pero ya pasados 20 minutos no llega nadie y uno se pregunta si habrán ido primero a echarse un chapuzón en las fantásticas aguas de la playa.
Un gerente de Sanidad hablaría de optimización de recursos. Yo, que soy un poco bruto para estas cosas, diría, jeta a ver si contratas a más gente.
Pobre Atención Primaria
