No es Cartagena de Indias. Esa visita está reservada para compartirla con mi amigo J., tan amante de la América colonial como del sensual mestizaje de la piel de las bellas mujeres de aquella ciudad colombiana.
Cartago Nova. La Cartagena cantonal y visitada por todos los pueblos de este mediterráneo que intuyo desde la magnífica azotea donde repaso con placer, la alegría de las croquetas de carabinero compartidas con otros deleites junto a las curvas sensuales de los ficus de la plaza de San Francisco.
A pocos metros, en esta calle del centro el esqueje de un templo romano. El Imperio vencedor de Cartago. Recuerdo el preparatorio del colegio donde nos imponían la rivalidad entre romanos y cartagineses. Amaba ser uno más de esos arrasados cartagineses ya anunciando mi voluntad de perdedor y orgulloso.
Esta todavía temprana la mañana y van cruzando el cielo que se despeja de nubes, palomas y golondrinas y se escucha los graznidos próximos de las gaviotas inquietas ya en busca de su carroñera comida.
Mis mujeres duermen mientras sueño con encontrar el submarino de Peral para encontrar en el fondo las respuestas que desconozco. Quizá no importen y la respuesta no sea sino vive y olvida el porque.

Buena digestiñón y buen provecho!
No pases mucha calor.
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