El siglo XIIX marcaba el renacer económico, científico y social de una época de prosperidad, ciertamente en especial para algunos.
La luz como símbolo de iluminación y verdad que al día de hoy parece hallarse en riesgo dado la desventurada progresión en el recibo que cada cual debe afrontar en su domicilio, con el riesgo que volvamos a pretéritos usos como la lámpara de aceite o la elegancia de cenar con velas pero también sin cocina.
Y todo parece ligarse en símbolo pues tras la pandemia parece haberse sumido nuestro entorno en un atribulado conjunto social de individualidades insatisfechas, irritadas y con ganas de romper una buena botella de uno de esos botellones divertidos sobre la cabeza de cualquiera autoridad. Grandísima oscuridad.
Sociedad sin luces o a un precio carísimo.
