The blacklist.

Estas vacaciones me he enganchado a la prolija serie y su enrevesada intrahistoria donde capítulo a capítulo van siendo eliminados objetivos con un fin que ahora mismo desconozco.

Uno, tan simple como un votante de esos partidos guapos que nos rigen, es muy influenciable y al hilo de la serie también he elaborado mi particular lista negra.

Describo alguno de los objetivos sin nombrarlos para no dejar pistas.

Número 21,el pelas, ese bar de mi barrio que aprovechando la ausencia de competencia me pone el cortado – malo- a 1.50.

Número 89,el muro, la telefonía que me sirve móvil y fibra y sus 14 minutos de media de espera para atenderme y no resolver lo que pido.

Número 122, cargante, el compañero de frontón que carga con su desafortunado compañero si este comete un fallo.

Número 35, la chochola, la amable administrativa que me cita en la agenda a alguien, dos minutos antes de la hora de salida.

Número 67, el cuentos, el corredor de e- mails con un nuevo protocolo del COVID cada semana.

Número 13, el pestes, el informado amigo que incorpora nueva información alarmante en el grupo WhatsApp a las 7 de la mañana.

Número 82, el cronos, usuario que te dice al verte que parece estás siempre de vacaciones.

Estos y otros muchos que he ido elaborando para mí personal lista como objetivos post vacacionales .