Sin mascarilla. Día 1. Miradas.

Primer día de regreso tras las vacaciones y constato como Zuri manifiesta un comportamiento alocado, inquieto y por momentos desquiciado. Demencia canina o reflejo social o pulgas, cualquiera sabe.

Encuentro al ponerme al día una persecución al posiblemente inadecuado pero ciertamente normal uso y costumbre de los jóvenes con una vigilancia próxima a la paranoia sobre la hostelería.

Leo y no me creo, como entre las agresiones a la mujer se enmarcan las miradas inadecuadas.

Estas existen, lascivas y nada aceptables pero como juzgarlas o en ocasiones distinguir entre la observación objetiva de la belleza de un hombre o una mujer, la grata confirmación en forma y volumen, en movimiento o en quietud serena o la acción criticable y penada.

Miradas.. lascivia en la mirada gozosa ante mi mujer, mientras ella indiferente se desviste y viste.

Lascivia en las miradas encontradas en los rituales de acercamiento entre jóvenes o mayores.

Lascivia.. cuando la defensa, necesaria y compartida por los hombres de verdad, del respeto íntegro a la mujer está capitalizada por quien en su ejemplo personal pudiera ser el arquetipo de mujer cuya posición se nutre y subordina a su pareja, es cuando resulta necesario quitarse la mascarilla y decir BASTA.