Sin mascarilla. Día 8. Luis Tosar.

Me miro al espejo y es la imagen del actor la que aflora a mi pensamiento y no por nuestro parecido físico, escaso, sino por la intensidad de color en mis cejas tras aplicarme el tinte para ello. Cejas que son seña de identidad del magnífico actor.

Me molesta las canas en las cejas y esa endemoniada manía de la edad, en hacer crecer el pelo en las orejas y carinas nasales, al mismo tiempo que retrocede inexorable en donde debiera.

Es difícil aceptar envejecer, que los años juveniles quedaron vividos y bien vividos y que la fecha de caducidad esta más próxima a cumplirse.

Es por eso que uno recurre desde teñirse canas, algo inicuo, a vestir como un skate que tampoco es muy dañino o intentar ligar a esos yogurines o pibones, según sexo y gusto.

Hemos olvidado como envejecer con solera y gusto elegante pues parece que lo único que resulta valorable es lo juvenil y ya la experiencia resulta más un lastre que una deseada virtud.

Resulta más ejemplar socialmente los espléndidos 60 de Sharon Stone que los 80 y muchos del maestro Clint Eastwood y así nos va, como cantaba aquel «..enamorado de la moda juvenil,de los precios y rebajas que yo vi..».