Sin mascarilla. Día 16. La piel de naranja.

Es el color que se me ha puesto cuando he entrado en el proceso de abandonar los servicios de Internet y telefonía con una compañía que enarbola tal color.

Tras comprobar cómo le castigan con sanciones y trabas y papeleos por el sencillo credo de cambiar de compañía, uno se da cuenta que cuando firmó hace décadas lo que creía un simple contrato comercial, en realidad vendía su pobre alma a una secta de chupacabras que mes a mes exigían su ofrenda en euros.

Lo malo o perverso que tras su castigo fuera del paraíso naranja, posiblemente vuelva a vender su alma a otro credo nada benéfico.

Así es la vida del consumidor en este país , consume si..que ellos se encargan de consumir te …